lunes, 26 de octubre de 2009

Pablo Neruda, complice de Joseph Stalin.


Pablo Neruda es sin duda es uno de los más reconocidos poetas del siglo XX. Su famoso Veinte poemas de amor y una canción desesperada, quizás sea el libro de poemas más leído del siglo pasado. A nadie se le escapa la grandeza literaria del Nobel de 1971.


Pero Neruda también es un icono de la izquierda. Otro ejemplo de eso que se ha dado en llamar intelectual comprometido. La cuestión es que tras esta denominación se suelen esconder intelectuales ultraizquierdistas, que usan la aureola de su prestigio cultural para prostituir su arte al servicio de la propaganda marxista. En efecto, Ricardo Eliecer Neftalí Reyes Basoalto, el verdadero nombre de Neura, estaba políticamente comprometido con el totalitarismo y con el terror de la más brutal de las dictaduras del proletariado.


Siempre militante comunista, ocupa puestos políticos destacados toda su vida. En plena guerra civil española, mientras el embajador de Chile en España se dedicaba a salvar perseguidos en el Madrid republicano, Neruda desde su puesto diplomático en Francia, simpatizaba abiertamente con la causa del “bando rojo”. Tras el fin de la guerra civil Neruda nos da su tolerante opinión sobre los otros, los intelectuales comprometidos con el bando contrario: “los Dámasos, los Gerardos, los hijos de perra, silenciosos cómplices del verdugo”.

En 1945 es elegido Senador y se une al Partido Comunista de Chile. Acérrimo defensor del régimen soviético, en 1953 recibe el Premio Stalin de la Paz. Quizás estos repugnantes versos, incluidos en su también famoso Canto General , publicado en 1950 conmovieron al tirano.


"Stalin alza, limpia, construye, fortifica preserva, mira, protege, alimenta, pero también castiga. Y esto es cuanto quería deciros, camaradas: hace falta el castigo”

Por aquellas fechas ya nadie ignoraba el alcance de las brutales purgas de Stalín, que Neruda ensalza, convirtiéndose en cómplice intelectual del genocidio. Pero la absoluta falta de libertad y las atrocidades cometidas por la dictadura soviética no frenan a Neruda, que incluye en su Canto General, varias apologías del régimen.


“Unión Soviética, si juntáramos toda la sangre derramada en tu lucha, todo lo que diste como una madre al mundo para que la libertad agonizante viviera, tendríamos un nuevo océano grande como ninguno”. “En este mar hunde tu mano hombre de todas las tierras, y levántala después para ahogar en él al que olvidó, al que ultrajó, al que mintió y al que manchó, al que unió con cien pequeños canes del basural de Occidente para insultar tu sangre” ...


Tras la muerte de Stalín escribe Las uvas y el viento, donde encontramos una elegía a Stalin. Oda a Stalin, “el más grande de los hombres sencillos”.


“Stalinianos. Llevamos este nombre con orgullo. Stalinianos. Es esta la jerarquía de nuestro tiempo. En sus últimos años la paloma La Paz, la errante rosa perseguida, se detuvo en sus hombros y Stalin, el gigante, la levantó a la altura de su frente. Así vieron la paz pueblos distantes”.


Neruda sigue siempre fiel a los dictados soviéticos, en 1965 forma parte del jurado del Premio Lenín de la paz, que había sustituido al Stalin, tras los “ajustes” del régimen soviético después de su muerte. En 1969 el Partido Comunista lo elige como pre-candidato a Presidente de la República, pero renuncia en favor de Salvador Allende como candidato único de la Unidad Popular, que triunfa en las elecciones de 1970.

Pese a este pasado, en 1971 se le otorga el premio Nobel. Se dirá que su calidad literaria nada tiene que ver con su trayectoria política, lo que sería muy razonable, si no fuera porque la trayectoria de otros intelectuales de no menos talla, les impidió obtener el Nobel. Y citamos expresamente a Borges al que solo estas palabras pronunciadas en 1976 en un homenaje de Pinochet, le cerraron las puertas del Nobel:


“En esta época de anarquía sé que hay aquí, entre la cordillera y el mar, una patria fuerte. Lugones predicó la patria fuerte cuando habló de la hora de la espada. Yo declaro preferir la espada, la clara espada, a la furtiva dinamita, Y lo digo sabiendo muy claramente, muy precisamente, lo que digo. Pues bien, mi país está emergiendo de la ciénaga, creo, con felicidad. Creo que mereceremos salir de la ciénaga en que estuvimos. Ya estamos saliendo, por obra de las espadas, precisamente. Y aquí ya han emergido de esa ciénaga. Y aquí tenemos: Chile, esa región, esa patria, que es a la vez una larga patria y una honrosa espada".



Así que la próxima vez que se emocionen releyendo los versos de “Veinte poemas …” háganlo sabiendo que detrás de toda esa sensibilidad, también se esconde, en palabras del propio Neruda, un “hijo de perra cómplice del verdugo”.



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